viernes, 16 de abril de 2010
DESPLAZÁNDOSE… HACIA LA UNIVERSIDAD
jueves, 4 de septiembre de 2008
SUEÑOS QUE SE CONVIERTEN EN HOGARES
Hace 10 años, Carlos Mario Arias vivía en el municipio de San Francisco, en el oriente antioqueño, del cual tuvo que salir por causa de
“Tengo mucha alegría porque era un sueño: bregar a construir la casita, pero no había fondos. Me inscribí en el proyecto de vivienda y gracias a Dios salí favorecido”, cuenta Carlos Mario frente a la puerta de su nuevo hogar, que comenzó a construir junto con las demás familias beneficiadas en junio del año pasado.
Según dice Arias, ellos se encargaron de todas las labores para levantar sus casas: limpiaron el terreno, removieron piedras, cargaron material y fabricaron los bloques. Todo siempre en armonía con los demás, ya que sabían que a medida que se iban erigiendo esas construcciones, sus sueños se iban haciendo realidad.
Ahora Carlos Mario tiene tres alcobas, salón, cocina y lavadero: un sitio digno donde vivir con su esposa y sus dos hijos, de 4 y 1 año. “Una casita muy buena, muy cómoda, muy elegante. Solo falta que nos conecten el fluido eléctrico y a vivir bien bueno”.
Subir al cielo
María de los Ángeles Gallego sufrió dos veces los rigores del desplazamiento. Trabajaba en el campo, en San Juan, recogiendo café. De allí tuvo que huir. Al año de estar viviendo en La Arboleda, lugar que la acogió, también tuvo que desplazarse por culpa de
“Aquí puse un toldito, para vender fritanguita los sábados y los domingos. Así levanté a mis hijos y también pagaba arriendo para vivir. Resultó este proyecto, me conseguí un lotecito y me hicieron
En esa nueva casa, María de los Ángeles vive desde hace cuatro meses con sus hijos y su papá. “Me siento súper feliz, no me cambio por nadie. Es como si hubiera subido al cielo. Después de haber sufrido tanto, es mucho descanso no tener que pagar arriendo. Además ya levanté mis hijos. Es mucho adelanto”.
Casa nueva, niño nuevo
“Yo era de La Cascada, Carmen de Viboral”, cuenta Francisco Luis Vásquez en el balcón de su casa. “Hace cuatro años y medio me vine desplazado para acá porque podía tener un apoyo mejor, porque allá estábamos muy mal”.
“Yo pagaba arriendo, todo pobre, todo sufrido y ya, pues, nos ayudaron para un proyecto. La señora mía estuvo bregando y gracias a Dios salimos adelante con
La casa de Francisco tiene un sotano, o pieza de reblujos como él lo llama, sala y cocina en el primer piso y dos habitaciones en el segundo. Allí vive con su esposa y sus tres hijos, el más pequeño de una semana de nacido. La felicidad les llegó por partida doble. “Tuvimos la alegría del niño y ahora tenemos una casa digna para vivir con los hijos, con los que están alrededor de uno. Me siento súper contenta”, dice Maria Jacinta, la esposa de Francisco, quien salta y ríe por esa alegría mientras observa las paredes de su nueva casa y contempla al bebé dormido.
