martes, 13 de noviembre de 2007

LA LEGIÓN DEL AFECTO SEMBRÓ ALEGRÍA EN PUENTE LINDA

Desde diversos sitios del país fueron llegando a la plaza principal de Pensilvania, Caldas. En bus, en camión, en taxi, como fuera lo hicieron y se juntaron el sábado 21 a las 8 de la mañana. Eran casi 400 jóvenes dispuestos a llevar alegría, cultura y cariño a una población ubicada a casi cinco horas en bus escalera del sitio de encuentro. Era la Legión del Afecto, una iniciativa apoyada por la Agencia Presidencial para la Acción Social y la Cooperación Internacional -ACCIÓN SOCIAL-.
Hacia las once de la mañana los legionarios estaban montados en cinco escaleras dispuestas para transportarlos hasta Pueblo Nuevo, en Caldas. Con todo su desparpajo se fueron algunos de ellos en los techos de las tradicionales “chivas”, llevando con sus cantos y gritos mucha alegría al camino. Caldas, Antioquia, Cundinamarca, Caquetá, Valle y Huila se confundieron horas después, al momento de bajar de los vehículos y comenzar a caminar para atravesar el puente que cuelga sobre el río Samaná. Hace un par de años la creciente de este afluente se llevó el puente vehicular, por eso fue necesario llegar hasta la otra orilla a pie para tomar los buses que ya esperaban por sus pasajeros y llevarlos hasta Puente Linda, Antioquia, población que hace más de 20 años era paso obligado para todo aquel que quería ir desde Bogotá hacia Medellín. Además, a 20 minutos a pie están los Termales del Espíritu Santo, un sitio de encuentro y esparcimiento de las comunidades antioqueñas y caldenses. Sin embargo, cuando se abrió la autopista Bogotá - Medellín y los grupos armados al margen de la ley se tomaron la región, ambos parajes fueron quedando en el olvido. Pero el fin de semana anterior volvieron a recordar los viejos tiempos con la llegada de los legionarios, quienes prepararon una serie de espectáculos artísticos con el fin de brindar alegría a los campesinos que se negaron a salir de su terruño y albergaron la esperanza de volver a sonreír.
Algunos legionarios, como Adriana Montes, ya se encontraban en el sitio al momento de la llegada de sus compañeros, pues se encargaron de la avanzada. Ella viajó desde San Vicente del Caguán, en el Caquetá, el miércoles 18 a las 5 de la tarde rumbo a Medellín, donde llegó a las 11 de la noche del jueves. De la capital de Antioquia salió a las 5 de la mañana del viernes y seis horas después arribó a Puente Linda. Allí mostró parte del trabajo que desarrolla con algunas comunidades vulnerables: baile norteño. Además realiza, con sus compañeros, proyectos de limpieza ambiental.
“Que venga la Legión es muy bonito, la gente es muy vistosa, son como genios. Todo me ha gustado, hay mucha diversión, ojalá esto siga a cada rato”, dijo Alfonso Ospina, habitante de Morro Azul, vereda ubicada cerca de Puente Linda, quien estuvo en el lugar del encuentro para atender a los muchachos y compartir sus saberes.
“La importancia de la legión radica en el acompañamiento masivo, ir a la zona para ayudar a la recuperación de la gente, de la biodiversidad. La guerra vuelve invisibles estos sitios. Nosotros venimos para armonizar y encontrar la paz”, comentó John David Arias, legionario de Barrancabermeja, Santander.
Al calor de las aguas
Uno de los ejes principales del encuentro de la Legión del Afecto en Puente Linda, era la visita a los Termales del Espíritu Santo, lugar en el cual los habitantes de la zona, antioqueños, se encontraban con los visitantes de otras poblaciones de su departamento y de algunos sitios de Caldas, como Arboleda, Pueblo Nuevo o Pensilvania. Los legionarios arribaron para mostrar a la gente que este sitio está recuperado y que ahora cuenta con una nueva energía, la que emanó de esos alegres luchadores que, juntos, estaban en representación de todo un país que busca una salida pacífica a los problemas.
Hasta los termales llegaron con sus banderas, con sus cantos y su alegría. Disfrutaron, como siempre, de este encuentro con la naturaleza, con el río -símbolo de vida- y regresaron hasta Puente Linda marchando en silencio, para permitir que el río y la naturaleza en general, les contaran su vida completa.
“Quien no escucha el rumor de las hojas, el canto de los pájaros ni el murmullo de los arroyos, lleva el alma enferma”, decía un aviso en las instalaciones de los Termales del Espíritu Santo. Pero ese no es el caso de los legionarios. Ellos llevan el alma sana, ellos escuchan a la naturaleza y hablan con ella, son jóvenes que han padecido la guerra y quieren acabarla, pero para ello deben estar en comunión con la biodiversidad, pues de allí es de donde hemos venido todos. Así lo hicieron notar en el ritual de despedida, ya en horas de la noche de un domingo de paz, en el que en medio del fuego y con imitación de los sonidos de la selva, pidieron la protección para toda Colombia.
A la mañana siguiente no había tristeza en Puente Linda, a pesar de que la Legión del Afecto se marchaba. Por el contrario, la alegría imperaba en los rostros y corazones de quienes allí estuvimos. Donde hace muchos años la gente no llegaba por temor, allá estuvieron los legionarios. Se comunicaron con todo lo que saben, alejando el silencio aterrador pues en medio de las montañas quedó grabado el saludo a la Pacha Mama y su respuesta.

OJOS QUE NO VEN COSECHAN ESPERANZA

Gabriel Antonio Osorio arranca con su machete la maleza que crece bajo los arbustos de mora que cultiva en su finca. Su habilidad pasa desapercibida hasta que una mirada detallada permite darse cuenta de que una mancha blanca cubre el cristalino de sus ojos y le impide la visión.
Efectivamente, Gabriel sufre de cataratas congénitas pero esto no ha sido obstáculo para que sea laboralmente activo. Hace tres años se dedica a cultivar mora en el corregimiento San José, del municipio de La Ceja (Antioquia), formando parte del proyecto agrícola que lidera Asofrutas en el marco del II Laboratorio de Paz – Oriente Antioqueño , que coordina la Agencia Presidencial para la Acción Social y la Cooperación Internacional –ACCIÓN SOCIAL–.
Osorio fue operado de las cataratas, intervención que tuvo algo de éxito, lo que le permitió dedicarse a sembrar fríjol, maíz, papa y llegar a tener una lechería, pero como eso no le dio mucho resultado a largo plazo, decidió emplearse como jornalero y fue en esa labor, haciendo hoyos de 50 metros para clavar postes telefónicos, que se le desprendió la retina y su visión comenzó a empeorar nuevamente. De cualquier manera, su movilidad y entusiasmo es similar al de alguien que vea sin problemas.
“Dicen que uno cuando queda así, invidente, se le desarrollan uno o varios sentidos. Uno ya sabe y mi Dios es muy grande. Uno se acostumbra a trabajar y yo ya sé dónde mandar el pie cuando camino, cuando estoy en el cultivo plateando la mora”, dice Gabriel.
Su labor en el cultivo de mora, donde tiene unos 700 arbustos, es esa: platear la mora, es decir, quitarle con el machete la hierba que nace en la raíz. Así mismo busca plagas, insectos, hojas secas y todo aquello que en algún momento pueda dañar su cultivo. “No hago más porque coger la mora me da mucha dificultad y podar también, entonces pongo trabajadores y ahí están mis dos hijos y mi señora, que también se mantiene en el cultivo”.
Trabaja desde temprano, casi de madrugada, y le dedica a veces hasta ocho horas diarias a sus moras, aunque no llega a tanto tiempo pues sabe que en su condición no es bueno excederse.
“Aquí está la comidita, a la final no se mantiene uno muy preocupado. Antes sí porque no sabía qué camino coger pero ahora con este proyecto vale la pena”.Así va cumpliendo con uno de sus anhelos: sacar a su familia adelante y brindarle estudio a sus dos hijos.
Alta calidad y valor agregado
A Gabriel sus ojos se le han cerrado casi completamente, sin embargo su amor por el trabajo y por su familia, lo motivan a levantarse cada mañana, a caminar entre cada una de las matas de mora buscando sigilosamente entre la hierba mala plagas, insectos, hojas secas y todo aquello que a su cultivo pudiera dañar.
Asofrutas es una entidad a la cual pertenecen 106 productores y cobija a asociaciones como Aprofrut de Rionegro, Asopromora de El Retiro y Asofrutas de La Ceja, la cual brinda acompañamiento técnico y suministro de insumos a los campesinos con el fin de fomentar altos niveles de calidad y mayor productividad, además de la comercialización de la fruta.
Con su estrategia de comercialización, Asofrutas garantiza a los campesinos una compensación económica equivalente a 80 mil pesos semanales. Sin embargo con la consolidación de la asociación entre Aprofrut, Asopromora y Asofrutas se trabaja para darle al producto un valor agregado que lo haga más competitivo a nivel nacional e incluso proyectarse en los mercados internacionales.
Así como los demás campesinos de la zona, gracias a los proyectos productivos impulsados por diferentes organizaciones y líderes comunitarios Gabriel seguirá levantándose cada día armado de su sombrero y su machete a caminar por su cultivo de mora desyerbando con precisión para seguir cosechando esperanza.