Desde diversos sitios del país fueron llegando a la plaza principal de Pensilvania, Caldas. En bus, en camión, en taxi, como fuera lo hicieron y se juntaron el sábado 21 a las 8 de la mañana. Eran casi 400 jóvenes dispuestos a llevar alegría, cultura y cariño a una población ubicada a casi cinco horas en bus escalera del sitio de encuentro. Era la Legión del Afecto, una iniciativa apoyada por la Agencia Presidencial para la Acción Social y la Cooperación Internacional -ACCIÓN SOCIAL-.
Hacia las once de la mañana los legionarios estaban montados en cinco escaleras dispuestas para transportarlos hasta Pueblo Nuevo, en Caldas. Con todo su desparpajo se fueron algunos de ellos en los techos de las tradicionales “chivas”, llevando con sus cantos y gritos mucha alegría al camino. Caldas, Antioquia, Cundinamarca, Caquetá, Valle y Huila se confundieron horas después, al momento de bajar de los vehículos y comenzar a caminar para atravesar el puente que cuelga sobre el río Samaná. Hace un par de años la creciente de este afluente se llevó el puente vehicular, por eso fue necesario llegar hasta la otra orilla a pie para tomar los buses que ya esperaban por sus pasajeros y llevarlos hasta Puente Linda, Antioquia, población que hace más de 20 años era paso obligado para todo aquel que quería ir desde Bogotá hacia Medellín. Además, a 20 minutos a pie están los Termales del Espíritu Santo, un sitio de encuentro y esparcimiento de las comunidades antioqueñas y caldenses. Sin embargo, cuando se abrió la autopista Bogotá - Medellín y los grupos armados al margen de la ley se tomaron la región, ambos parajes fueron quedando en el olvido. Pero el fin de semana anterior volvieron a recordar los viejos tiempos con la llegada de los legionarios, quienes prepararon una serie de espectáculos artísticos con el fin de brindar alegría a los campesinos que se negaron a salir de su terruño y albergaron la esperanza de volver a sonreír.
Algunos legionarios, como Adriana Montes, ya se encontraban en el sitio al momento de la llegada de sus compañeros, pues se encargaron de la avanzada. Ella viajó desde San Vicente del Caguán, en el Caquetá, el miércoles 18 a las 5 de la tarde rumbo a Medellín, donde llegó a las 11 de la noche del jueves. De la capital de Antioquia salió a las 5 de la mañana del viernes y seis horas después arribó a Puente Linda. Allí mostró parte del trabajo que desarrolla con algunas comunidades vulnerables: baile norteño. Además realiza, con sus compañeros, proyectos de limpieza ambiental.
“Que venga la Legión es muy bonito, la gente es muy vistosa, son como genios. Todo me ha gustado, hay mucha diversión, ojalá esto siga a cada rato”, dijo Alfonso Ospina, habitante de Morro Azul, vereda ubicada cerca de Puente Linda, quien estuvo en el lugar del encuentro para atender a los muchachos y compartir sus saberes.
“La importancia de la legión radica en el acompañamiento masivo, ir a la zona para ayudar a la recuperación de la gente, de la biodiversidad. La guerra vuelve invisibles estos sitios. Nosotros venimos para armonizar y encontrar la paz”, comentó John David Arias, legionario de Barrancabermeja, Santander.
Al calor de las aguas
Uno de los ejes principales del encuentro de la Legión del Afecto en Puente Linda, era la visita a los Termales del Espíritu Santo, lugar en el cual los habitantes de la zona, antioqueños, se encontraban con los visitantes de otras poblaciones de su departamento y de algunos sitios de Caldas, como Arboleda, Pueblo Nuevo o Pensilvania. Los legionarios arribaron para mostrar a la gente que este sitio está recuperado y que ahora cuenta con una nueva energía, la que emanó de esos alegres luchadores que, juntos, estaban en representación de todo un país que busca una salida pacífica a los problemas.
Hasta los termales llegaron con sus banderas, con sus cantos y su alegría. Disfrutaron, como siempre, de este encuentro con la naturaleza, con el río -símbolo de vida- y regresaron hasta Puente Linda marchando en silencio, para permitir que el río y la naturaleza en general, les contaran su vida completa.
“Quien no escucha el rumor de las hojas, el canto de los pájaros ni el murmullo de los arroyos, lleva el alma enferma”, decía un aviso en las instalaciones de los Termales del Espíritu Santo. Pero ese no es el caso de los legionarios. Ellos llevan el alma sana, ellos escuchan a la naturaleza y hablan con ella, son jóvenes que han padecido la guerra y quieren acabarla, pero para ello deben estar en comunión con la biodiversidad, pues de allí es de donde hemos venido todos. Así lo hicieron notar en el ritual de despedida, ya en horas de la noche de un domingo de paz, en el que en medio del fuego y con imitación de los sonidos de la selva, pidieron la protección para toda Colombia.
A la mañana siguiente no había tristeza en Puente Linda, a pesar de que la Legión del Afecto se marchaba. Por el contrario, la alegría imperaba en los rostros y corazones de quienes allí estuvimos. Donde hace muchos años la gente no llegaba por temor, allá estuvieron los legionarios. Se comunicaron con todo lo que saben, alejando el silencio aterrador pues en medio de las montañas quedó grabado el saludo a la Pacha Mama y su respuesta.

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